LA ESTRUCTURA DE LA INFORMACIÓN SON LOS CIMIENTOS Y PILARES DE UN SITIO WEB
Publicado en la Guía de inter.net, num. 4 (marzo 2002)


El usuario de Internet ve las páginas de un sitio de una en una. Las opciones de menú o los textos subrayados son enlaces directos a otra página y el internauta, de clic en clic, va recorriendo el sitio, pero viendo sólo una página cada vez.
Esta condición insoslayable de la interfaz informática, que nos obliga mostrar en la pantalla las páginas de forma sucesiva, le impide al usuario hacerse una idea de conjunto. Por eso es tan importante planificar bien toda la armazón lógica de nuestro edificio informativo antes de ponerse a construir habitaciones o salones.
La diferencia entre un sitio bien construido y otro mal organizado no es evidente a la vista, pero se nota al segundo click.

La fachada
La estructura no se ve, pero la pantalla principal da una idea de cómo es el edificio. No en vano los anglosajones llaman a la portada home. En algunos sitios web es como una casa cubista en equilibrio inestable, porque los elementos constructivos se han ido colocando por mera acumulación. En otros parece que estamos ante un rascacielos de setenta pisos sin ascensor, sólo con una escalera de incendios exterior llena de peldaños de opciones sobre las que pulsar. A veces, parece que estamos ante un edificio en obras al que le han colocado delante una gran valla publicitaria, detrás de la cual no sabemos muy bien qué se está haciendo. En los tres casos se suscita más inquietud y desconfianza que deseo de emprender la visita.

Los buzones
Una vez dentro del edificio informativo solemos recurrir al directorio o a los buzones. Allí es donde esperamos encontrar lo que buscamos o aquél a quien buscamos y para eso es imprescindible la señalización. Por eso, tanto en el mundo del hormigón y el ladrillo como en Internet es esencial el criterio que se elija para organizar los espacios. Y aquí tenemos más opciones. La organización por canales de los portales debería dejar paso a clasificaciones que atiendan tanto al tipo de contenido como al uso que se va a hacer de él, de forma que el visitante se sienta rápidamente como en casa y sepa a dónde ir.

El centro de servicios
La mayoría de los usuarios de Internet se preguntan: “¿Qué puede hacer usted por mi?”. Y nos obstinamos en contestar cómo estamos organizados para atenderle. Por eso es tan importante identificar las herramientas y los servicios del resto del contenido, aunque los presentemos simultáneamente. Aquí todos agradecerán que les ayudemos: qué es lo más importante (jerarquía), qué es lo más demandado (frecuencia de uso), qué pasos tengo que dar (secuencia de proceso).

El plano de emergencia
En un hotel siempre tenemos un plano de salida para casos de emergencia. El problema es que suelen estar detrás de la puerta (que es lo primero que abres para salir corriendo) y suelen indicar el plano con todo detalle (incluso con los desagües), cuando lo que necesitamos es poder llevárnoslo con nosotros y que nos muestre sólo lo esencial para encontrar el camino. El mapa del sitio web suele cumplir una función similar y tiene que evitar los mismos problemas: tiene que mostrar el esqueleto que hay detrás, pero no para justificar lo bien que hemos puesto las cañerías, sino para que el usuario consiga ir a donde quiere, y tiene que llevarle directamente allí, con un solo clic. Tiene que ser claro y práctico, dar una idea del conjunto y mostrarle lo que no es ya evidente en la organización del menú.

Nada de lo que el usuario ve o hace en un sitio web es fruto de la casualidad. Es, por el contrario, resultado de una decisión o una desidia. La arquitectura de un sitio, si está bien hecha, ningún usuario se para a pensar en ella. Pero, si está mal, la experiencia de hospedarse siquiera un rato se puede convertir en una tortura. En Internet, la única ventaja de los sitios construidos así de mal es que la huida es muy fácil: click y fuera.