En 1950, el realizador japonés Akira Kurosawa hizo una propuesta narrativa revolucionaria para el mundo del cine: una trama que ha de construir el espectador a partir de testimonios divergentes de cuatro personajes. El enfoque argumental es un prodigio de equilibrio que mantiene el interés del espectador.
La historia tiene un planteamiento y un desenlace que conocemos en las primeras escenas:

Una pareja va de camino por el sendero del bosque. El bandido Tajomaru los ve y se encapricha de la belleza de la mujer.
Tajomaru les da alcance y le ofrece al hombre unos tesoros que ha encontrado en unas ruinas y que está dispuesto a vender. Con esa treta saca al hombre del sendero y lo lleva a la espesura del bosque.
Allí Tajomaru ata al hombre y va a buscar a la mujer. Para demostrarle que ha reducido a su marido y para que lo vea humillado le lleva al claro del bosque donde lo dejó atado.
El bandido quiere poseerla y ella se defiende con una daga, que cae al suelo cuando Tajomaru controla a la mujer y la posee.
[...]
Un leñador encuentra el cadáver del hombre en el bosque. La mujer, perdida por la zona, es localizada. Tajomaru es capturado, juzgado y ajusticiado.

¿Qué ocurrió en el bosque? ¿Cómo murió el viajero?
Kurosawa nos muestra cuatro versiones diferentes:

versión
(TC)
1
2
3
4
5
6
Tajomaru
(15'35")
la mujer se entrega Ella dice que uno de los dos hombres tiene que morir y que vivirá con el que sobreviva. Tajomaru desata al marido se produce el combate muere el marido mientras la mujer había huído
la mujer
(38'55")
el bandido la viola y se marcha Se quedan sólos. El silencio y la mirada vacía del marido se le hace a ella insoportable. Ella desata a su marido y luego pierde el conocimiento, cuando vuelve en sí el marido está muerto ella, desorientada huye y se pierde
el muerto
(50'45")
a través de una medium
el bandido la viola El bandido dice a la mujer que puede irse con él o vivir con el desprecio del marido. Ella elige a Tajomaru, pero le pide que mate al marido. El bandido siente entonces desprecio por ella y le pregunta al marido si quiere que la mate. Ella huye en un descuido de Tajomaru. Tajomaru desata al marido y se marcha el marido se suicida con la daga alguien saca la daga de su pecho
el leñador (1h5'00")
en un testimonio posterior al juicio, donde ocultó haber sido testigo
el bandido la viola y luego le pide perdón Tajomaru se declara enamorado, le ofrece casarse con ella e incluso cambiar de vida. La mujer afirma no poder elegir entre ambos. Ella desata a su marido él no quiere combatir por ella, que recibe el desprecio de ambos. Ella les da argumentos para luchar y se produce el combate el marido muere ella huye para evitar la muerte


La perplejidad del leñador respecto al jucio, al principio de la película, se comprende cuando él reconoce no haber encontrado el cadáver, sino haber presenciado la escena. Según su versión todos han mentido en algo (sobre fondo amarillo vemos las mentiras según esta versión):

versión de desencadenante del drama quién desata al marido quién incita al combate o a la muerte quién ejecuta la muerte
Tajomaru entrega amorosa Tajomaru la esposa Tajomaru en combate
la mujer violación la esposa la situación [suicidio] ?
el muerto violación Tajomaru la esposa suicidio
el leñador violación la esposa la esposa Tajomaru en combate


Podemos pensar que el muerto no tenía por qué mentir y, si su versión fuera cierta, la del leñador no podría serlo:

versión de desencadenante del drama quién desata al marido quién incita al combate o a la muerte quién ejecuta la muerte
Tajomaru entrega amorosa Tajomaru la esposa Tajomaru en combate
la mujer violación la esposa la situación [suicidio] ?
el muerto violación Tajomaru la esposa suicidio
el leñador violación la esposa la esposa Tajomaru en combate


Tajomaru puede mentir para vanagloriarse de su capacidad amorosa y combativa. La mujer para salvaguardar su honra. El leñador quizá lo haga para ocultar que era él quien se había llevado la daga de la escena del crimen.
Sin embargo, es el espectador el que tiene que elegir qué ocurrió, porque Kurosawa ya ha conseguido lo que quería: hacernos reflexionar sobre la condición humana y sus servidumbres con este sofisticado edificio narrativo.