James Cameron, 2009.
La espectacular película de Cameron, un lujo para los sentidos, no tiene equivalente inversión en el reto conceptual.
Sorprende que las producciones americanas que tantos recursos dedican a la tecnología y a la documentación, que tanto cuidado tienen con el ‘arte’ de sus filmes, dediquen tan poco a la creatividad literaria. Parece que no son capaces de contratar a historiadores, filólogos, psicólogos, antropólogos o sociólogos, por citar algunas profesiones de las que podrían obtener gran rendimiento.

La tecnología al servicio del cine llega con esta película a una nueva frontera. No es sólo crear un mundo y hacerlo creíble, se trata de dar vida a personajes virtuales que van más allá del realismo de “Final Fantasy”, porque en “Avatar” los actores interpretan a través de los personajes animados por ordenador.
No me ha molestado que se recurriera a fuentes de todo tipo, que hubiera influjos no disimulados de otras muchas películas. Lo que no es tradición es plagio, como reza el dicho. Que haya una mezcla de “Pocahontas”, “Matrix”, “Dune”, “Ferngully” y un largo etcétera de citas, no sólo fílmicas, sino también literarias, como el vínculo entre jinete y montura alada de “El vuelo del dragón” de Anne Mccaffrey, o pictóricas como las rocas flotantes que tienen su origen en el cuadro de René Magritte “Le Château des Pyrénées” (1959).
Comprendo incluso que haya concesiones al género. Tiene que haber una gran batalla, porque hay que alimentar el subproducto videojuego. Podemos ceder a la moda vampiresca y poner colmillos a los personajes. Pero no podemos caer en el manido final maniqueo si queremos ser innovadores en el planteamiento del guión.

-------------------- si no has visto la película, quizá no quieras seguir leyendo --------------------

He avisado, porque voy a hablar del argumento y su desenlace. La película aborda el reto presente que tenemos en la creciente devastación de la Tierra, de especial actualidad tras el fracaso de la cumbre del clima de Copenhague. Se plantea como un conflicto de culturas en un entorno en el que hay depredadores (como los que van mermando la selva amazónica) y habitantes que entienden su existencia integrada en la naturaleza (como muchos pueblos indígenas).
Hay muchos aspectos preciosos que subrayan esa comunidad con la naturaleza en la película, pero cuando se trata de afrontar el conflicto, se hace se forma convencional, bélica, competitiva, donde sólo puede haber vencedores y perdedores. Y ese modelo es justo el que nuestro mundo tiene que cambiar.

El enfoque de una resolución cooperativa significa ser consciente de que para salir del conflicto todas las partes han de ceder y hay que utilizar la creatividad para ver vías alternativas, que recompongan el ecosistema y lo hagan viable (sostenible, está de moda decir).
Tras la gran batalla defensiva (espectacular y emocionante), el guión debería haber puesto a los personajes ante el dilema de la solución cooperativa o la futura destrucción completa. En cambio, nos regala otra manida lucha final entre los adalides del mal y del bien, con todos los tópicos del género: el combate singular (ya sé que para Homero las guerras acababan reduciéndose a la esencia del combate singular), la interminable muerte del malo que cuando parece vencido aún tiene un as que jugar (como una “Jungla de cristal” más), la salvación del bueno por parte del aliado-amante.

¿Y si los guionistas fueran valientes? ¿Y si se atrevieran a proponer un modelo diferente, como hacen sus colegas del terreno visual? Podría haberse planteado una situación de tablas. Está claro tras la batalla que la destrucción no beneficia a nadie. Ninguna de las dos partes en conflicto ha mostrado empatía. Sin embargo, el árbol de las almas y la comunidad de los Na’vi con la naturaleza deberían proponer una vía alternativa, un reequilibrio.
Y en su lugar ¿qué propone Cameron? Que esta vez venzan los indios y expulsen a los alienígenas. Y ¿qué ha ocurrido siempre en la Historia en casos similares? Que los extraños, los foráneos vencidos vuelven con más potencia bélica para conseguir lo que se les resiste.

¡Qué pena que el cine no nos ayude a cuestionarnos los modelos de comportamiento fracasados en los que persistimos los humanos!