O cómo resolver enigmas que uno mismo inventa
La película, más floja que el entretenido libro de aventuras, pone de nuevo de actualidad la polémica sobre qué hay de histórico en el Código De Vinci. Y la respuesta es... prácticamente nada. El reclamo de "conocer la verdad" en el trailer del filme apela a una autenticidad equivalente al conocido "la verdad está ahí fuera".

Cuando hace más de dos años leí "El código Da Vinci" de Dan Brown me pareció una entretenida novela de aventuras, llena de imprecisiones y fantasía, sin demasiada trascendencia ni virtudes literarias. Un pasatiempo.
Sin embargo, pasando el tiempo, la enorme difusión del libro ha llevado a un equívoco generalizado y se ha tomado como revelación de una historia verdadera ocultada hasta ahora. El estreno de la película va a acentuar aún más el efecto falsario de la narración.
La película es muy fiel al libro, salvo en alguna concesión a los propietarios de la productora (Sony) y en alguna simplificación para encajar el libro en el metraje. Creo que algunas de las virtudes del texto, que hacen que el lector quede enganchado por la trama, no las tiene la película, que no resulta tan cautivadora, especialmente si has leído el libro (cosa que un alto porcentaje de espectadores habrá hecho).

 

El principal problema reside en que el autor, Dan Brown, ha jugado a la ambigüedad de estar contando una historia probada en formato de novela. Pero vaya por delante que no hay ningún fundamento histórico para la teoría presentada por Brown. No es una narración ficticia enmarcada en una cuidadosa recreación del pasado, por tanto tampoco es una novela histórica.
Lo que hace Dan Brown es coger todo tipo de símbolos, mitos, tradiciones, leyendas, mezclarlos con nombres propios de personas o instituciones que sí han existido y agitar enérgicamente. El resultado es un cóctel muy hábilmente trabado con oficio de escritor, pero nada de lo que aparece en la obra es histórico.

La parte más débil del libro (y de la película) son los pretendidos enigmas. El procedimiento de imaginar una trama completa y luego esconderla al público, desvelando claves poco a poco, está en la base de toda narración de intriga. Pero en el caso de Brown, el ingenio de los primeros "enigmas" pasa a ser pronto evidente amaño de lo que el autor ha inventado de antemano.

En el frenesí creativo de Brown no hay freno a ninguna conexión o explicación, por disparatada que sea, aunque se presente con la misma convicción que otros datos auténticos. Su técnica es plantear una tesis y demostrarla inventando unas cuantas cosas, y cogiendo de aquí y de allá todo tipos de datos para insertarlos en esa tesis. Lo que molesta se oculta, y así queda desvelada "la verdad".
Propongo hacer un ejercicio similar utilizando como tema el propio libro de Brown.

La tesis: "El código Da Vinci" es una conspiración judía para desprestigiar a la Iglesia Católica. Descabellado ¿no?
Pero tampoco sería la primera vez que se presenta al judaísmo como mano negra de oscuras tramas mundiales.

La demostración (procedamos a inventar, recolectando datos de alguna verosimilitud y mezclándolos con nuestra febril fantasía): Dan Brown oculta su verdadera identidad, es judío (Daniel es un típico nombre judío y tiene una gran nariz que delata su origen) y ha adoptado el apellido de un estudioso del arte que ha publicado muchos trabajos sobre las obras de Leonardo Da Vinci (D. A. Brown, Leonardo's Last Supper, Washington, National Gallery, 1983). Enojado por el éxito de la Iglesia Católica (la mayor organización del mundo, con el mayor patrimonio inmobiliario de la Historia), lee sobre le origen del cristianismo y se da cuenta de las manipulaciones que desde temprano sufrió la figura de Jesús de Nazaret. Uno de los puntos más débiles de la Iglesia de hoy es la exclusión de las mujeres, que son las que más leen, con diferencia, los libros de misterio (las que más leen, en general, también). Por eso organiza el libro relacionando lo sagrado con lo femenino, para provocar un estado de opinión que genere una revolución interna entre los creyentes cristianos.

Todo esto es falso, excepto la cita bibliográfica y la manipulación de las tradiciones sobre Jesús. Pero, ¿a que suena interesante? La diferencia con Dan Brown es que yo afirmo que me lo estoy inventado y él empieza el libro hablando de "su investigación" y citando la ayuda que le han prestado prestigiosas instituciones para dar un aire de verosimilitud a lo que dice.

Lo cierto es que el libro está lleno de medias verdades, falsedades e invenciones con las que se tergiversa la Historia:

Algunas afirmaciones del “Código” Información histórica
El Priorato de Sión es lo mismo que la Orden de los Templarios Los Templarios son una orden militar que surgió con las cruzadas y fue aniquilada varios siglos después. El Priorato es una sociedad secreta moderna cuya autenticad se ha puesto en entredicho. Algunos de sus pretendidos miembros se autodenominaban caballeros templarios.
Botticelli, Leonardo, Newton, Cocteau fueron algunos de los grandes maestres del Priorato La famosa lista de los documentos secretos de la Biblioteca Nacional de París es una fuente muy reciente cuyo valor histórico es rechazado por los estudiosos. Se trata de personajes de los que conocemos la biografía con mucho detalle y en ningún caso, ninguna otra fuente sugiere apenas esa filiación.
La rosa es el símbolo de María Magdalena En el simbolismo medieval, la rosa es símbolo supremo de María, la madre de Jesús. El rosario está organizado en múltiplos de cinco (15 decenas), número de la devoción mariana, representado en una rosa de cinco pétalos (Jesús en la Pasión recibió 5 heridas).
Jesús estuvo casado con María Magdalena y tuvo una hija No tenemos ninguna fuente que nos permita afirmar lo primero ni lo segundo. El hecho de que Jesús incluyera a mujeres en su programa de salvación y las aceptara como seguidoras sí fue una innovación en judaísmo del siglo I. Sobre el Jesús histórico apenas conocemos más de siete u ocho datos comprobados.
El Santo Grial es “la sangre real” El mito del Santo Grial es una leyenda medieval basada en el símbolo ancestral del vaso sagrado. Graal es una palabra celta para “plato”, de ahí que se use como referente de la vasija o vaso que se usó en la última cena. “Sang-Royal” es una coincidencia fonética que se usó ya en la Edad Media, pero entonces se relacionaba con la “sangre real” (Jesús aparece en algunos evangelios como descendiente directo del rey David) que contuvo el cáliz durante la consagración de la última cena.
En la Última cena de Leonardo está representada María Magdalena como depositaria del legado de Jesús En esa pintura mural (que no cuadro) se representa a los 12 apóstoles y a Jesús. La técnica usada hizo que se empezara a deteriorar ya en vida del autor. Su estado permite todo tipo de especulaciones, pero la figura juvenil “femenina” es San Juan. Lo que sabemos, porque lo escribió Leonardo, es que se preocupó por la fisiognomía de los personajes, representando en el rostro el carácter de cada uno. Juan es el discípulo amado, el joven predilecto del maestro y tiene un rostro angélico, como otros ángeles de obras de Leonardo.
María Magdalena era la heredera espiritual de Jesús y fue relegada en la historia del cristianismo por los que querían anularla por mujer Las primeras comunidades cristianas sufrieron muchos desencuentros, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles. Los evangelios canónicos confunden varias Marías en sus narraciones y la tradición empezó a asociar a la Magdalena con la prostituta perdonada por Jesús. En el mundo judío del siglo I era novedoso aceptar a la mujer como igual, y ahí está la originalidad de Jesús. Pero sólo textos apócrifos escritos un siglo y medio después de la muerte de Jesús hablan de forma no coherente de una relación especial de éste con la Magdalena. La crítica filológica asume que es poco probable que podamos nunca saber más al respecto.
Constantino en el Concilio de Nicea inventó la divinidad de Jesús y constituyó el canon de las Escrituras La divinidad de Jesús era un tema debatido desde mucho antes. El Concilio (325) fue una forma de acallar la teoría filosófica propugnada por Arrio de que el Hijo no podía ser divino de la misma forma que el Padre, creador, preexistente y único. Inspirado por Osio, obispo de Córdoba, Constantino propuso la fórmula “consustancial al padre” para definir la divinidad de Jesús en el credo. Sólo dos obispos arrianos se negaron a aceptarla y fueron excomulgados. El canon del Nuevo Testamento era también un tema anterior a este Concilio y para esta fecha no estaba totalmente cerrado.
Constantino mantuvo durante su vida el paganismo como credo (con la fe en el eterno femenino) y sólo se hizo bautizar en 337 en el lecho de muerte. Algunos estudiosos piensan que al principio Constantino hizo un sincretismo religioso entre la fe cristiana y el culto al Sol (dios masculino). A partir de 312 sus acciones y declaraciones demuestran que se consideraba un fiel cristiano. Al retrasar el bautismo hasta el final de su vida, el emperador seguía la costumbre de muchos cristianos serios, que pensando que temían no poder evitar cometer pecados mortales en la vida secular, retrasaban el bautismo hasta el momento en que ya no podían volver a pecar.

Y mucho más...