EN INTERNET LAS VIRTUDES NO SE DECLARAN, SÓLO SE DEMUESTRAN.
Publicado en la Guía de inter.net, num. 6 (septiembre 2002)

Era la típica visita de compromiso. Ya se sabe: el amigo de una amiga de un compañero. Y allí estaba yo; ante una puerta desde la que me miraba un “sagrado corazón”‚ de los que te clavan la mirada mientras te enseñan la víscera vital y con la leyenda "Dios guarde a esta casa" encima, en semicírculo. Con la vista puesta en el felpudo, que rezaba “Bienvenido”, pulsé el timbre y al oír un “taritarí-tar픂 de feria, me temí lo peor.

Aún no había levantado la vista del felpudo cuando me abrieron unas zapatillas con escudo de barón bordado, que servían de soporte al cuerpo de un varón envuelto en una bata de felpa que estaba a mitad de camino entre albornoz y gabardina.
Con aspavientos y cortesía forzada me hizo avanzar por un pasillo forrado de papel pintado, ilustrado con floreros y hojas de acanto.

"¡Pónte cómodo en el sofá!", oí decir a mi espalda, mientras intentaba abrirme paso a través de un bosque de ficus. Detrás había un biombo de caña decorado con motivos chinos. Salvado el último obstáculo, mi mirada se topó con el sempiterno cuadro de caza sin cazadores. Ese en el que unos perros se ensañan con un ciervo herido en el claro del bosque. Eso sí, estaba enmarcado como si fuera un Rembrandt.
Al girarme casi me siento encima de un gato enorme que, a la voz de su amo, se deslizó debajo de la mesita de té, donde se me ofrecía un café al que no me atreví a dar un segundo sorbo. Un tanto confundido por el entorno presté poca atención a la conversación, que por lo demás era intrascendente, y me fijé en la mesa, bajo la que había desaparecido el gato y sobre la que descansaba una colección de "Selecciones del Reader‚s Digest" que ya había cumplido la mayoría de edad.

Cuando el anfitrión me dijo que quería enseñarme su página web, tuve la misma sensación que cuando había llamado al timbre. Casi no hizo falta que me dijera: "Estoy muy interesado en transmitir una buena imagen".
La página reposaba incómoda sobre un creativísimo logotipo en relieve que se repetía infinitamente en mosaico y sobre el que no se podía leer gran cosa. Tampoco importaba mucho, porque no había nada interesante, salvo el texto "para entrar pulse aquí", por supuesto en tipografía color malva camuflada con el fondo.
Abandonado el recibidor virtual, la auténtica primera página se anunciaba "en construcción" con el icono animado de un obrero picando. El resto de la información se asemejaba a un puzzle. La tarea de averiguar su intención y organización era todo un reto. Yo no habría sabido donde pulsar, pero como lo iba haciendo él... Sí acerté a ver un ostentoso contador de visitas que al único a quien interesaba era al autor del sitio.
Visitamos páginas y páginas a todo color, con poca sustancia y muchas imágenes clip-art bastante poco pertinentes y gran cantidad de "pulse aquí" parpadeantes. Esquivando toda esa agitación visual, acerté a encontrar un denominador común en las páginas, que decía: "última actualización en [fecha y hora]". El problema consistía en que la fecha más frecuente de las que leí era 23/03/99 13:22 y mi pregunta, no formulada, fue: ¿a quién le interesaba saber que hacía exactamente tres años, tres meses, seis días, dos horas y quince segundos que nadie se había ocupado del mantenimiento de ese contenido?

Este cálculo me llevó a mirar el reloj y, aduciendo un compromiso previo, conseguí poner fin a la visita (de la web y de la casa). Al salir, pensé en las empresas, instituciones y personalidades que se tienen por prestigiosas y descuidan de forma manifiesta su presencia en internet. ¿Se trata de un simple problema de imagen? ¿Simple?

Quizá en sus oficinas tengan parquet flotante, ikevana y decoración japonesa, salas de reuniones con instalaciones multimedia espectaculares y un servicio de recepción exquisito. O sea, ¡cuidan la imagen! Pero entras en su web y no hay forma de encontrar un teléfono de contacto, ni el acceso directo al servicio que te podrían prestar a través de la red.
Es más, si en el negocio electrónico de la empresa es la web, ¿estamos hablando de imagen o de diseño de interfaces de usuario eficaces para los objetivos de la organización?
Muchos te reciben en la web diciendo: "Está usted en el mejor sitio de [lo que sea] en español" y luego te arrastran por un laberinto plagado de suplicios. Pero en internet, como en la vida misma, las virtudes no hay que declararlas, sino demostrarlas.