“Ignorar la era digital, sencillamente, no es una opción”. Un poco tarde para darse cuenta ¿no?
Publicado en la Guía de inter.net, num. 18 (3er. trimestre 2005), p 28.

Últimamente estoy teniendo una fuerte sensación de déjà vu. Tachados de vendedores de humo cuando se pinchó la burbuja, los entusiastas del primer Internet estamos presenciando atónitos el renacimiento del medio internético.
¿No habíamos visto antes una escalada bursátil como la de Google? ¿No suenan familiares los pagos de sumas de vértigo por colectivos de usuarios y por plataformas de negocio online (la compra de Skype por eBay)?
A finales de octubre de 2005, The Daily Telegraph publicó un reportaje sobre las adquisiciones del mundo de la red por parte del imperio mediático Murdoch. Se leían frases tan sorprendentes como esta: “la mayoría de la gente joven quiere las noticias gratis, a través del ordenador, prensa gratuita o teléfono móvil. Otros prefieren las cadenas de televisión o radio de 24 horas de noticias. Los portales de Internet (…) se han convertido en la ruta más rápida a las noticias para millones de personas” (Roy Greenslade, 25 de octubre de 2005, p. B6).
Y la sorpresa es que no está escrito en 1998, sino ahora. Recuerdo las primeras jornadas sobre periodismo digital a las que asistí en Pamplona. Algunas ponencias emprendían rumbos visionarios, otras tenían tono apocalíptico. A muchos les excitaba la imaginación, a otros les provocaba escepticismo. Uno de los debates planteaba que si los anuncios clasificados encontraban otro vehículo y los usuarios no parecían dispuestos a pagar por la información, ¿qué futuro les esperaba a los periódicos impresos? Ellos mismos corrían el riesgo de “canibalizar” su negocio de papel en la web.
Paréntesis: (y eso que todavía no habían aparecido los periódicos gratuitos –sólo estaban los de barrio–, ni habían basculado los ingresos hacia las promociones de todo tipo que inundan hoy los quioscos).
A estas alturas de la película, los directivos de Rupert Murdoch se dan cuenta de que “ignorar la era digital, sencillamente, no es una opción”.
El otro aspecto que inquieta al articulista británico es que no podemos prever cómo serán las cosas dentro de veinte años, ni dentro de cinco.
¡Bienvenidos al mundo Internet!
Nunca lo supo nadie. El futuro en Internet no se prevé, se construye con imaginación.
Hasta ahora, los medios tradicionales no han sabido reinventarse. Sólo se han planteado cómo perpetuarse llevando su modelo, el que conocen y dominan, al nuevo medio. Pero así no han hecho ingresos significativos. En la red hay que innovar, no replicar lo que tenemos.
El grupo Murdoch ha pasado a la acción a base de compras (My Space, sitio de redes sociales; IGN, vídeo y ocio; y Scout Media, deporte universitario). Su hijo James, que dirige BSkyB, ha comprado el operador de banda ancha Easynet.
La pregunta lícita es: ¿tendrán clara la estrategia? ¿sabrán lo que hay que hacer, cuando nadie conoce el futuro? ¿O es una toma de posiciones a la usanza de la “vieja economía”?
Los Murdoch no están solos en esta actividad. A modo de ejemplo, Trinity Mirror, el mayor editor regional del Reino Unido, ha comprado tres compañías de publicidad web. Al final va a resultar que los ingresos en Internet sí están en la publicidad más que en la información.
Los detractores de este punto de vista en el desplome de la nueva economía en 2001, probablemente, pensaban en los ingresos por “banner”, más que en una gestión de anuncios clasificados que además diera servicios imaginativos a los usuarios.
Cito por última vez a Roy Greenslade: “Podemos prever un futuro en el que al reportero se le demandará soltura no sólo para dar la noticia ante la cámara, sino para escribirla para la pantalla del ordenador”. En 1998 participé en la definición de un perfil profesional que llamamos PMP (periodista multimedia polivalente), en el marco de la creación de la “redacción multimedia” de la Agencia EFE.
Definitivamente, estamos volviendo al futuro.