La "brecha digital" no es sólo un problema de penetración social, sino también empresarial: la PYME española no adopta el comercio electrónico y la gran empresa no siempre saca el partido adecuado a la tecnología. ¿Se puede conseguir dar nuevo impulso al uso de las TI?
Publicado en la Guía de inter.net, num. 20 (1er. trimestre 2006), p 66.

De entre las muchas heridas de este mundo vulnerable solemos hablar de la “brecha digital” como el desequilibrio acentuado entre el primer y el tercer mundo en acceso a la red de redes.
Sin embargo, hay otras diferencias que tenemos más cerca y a las que no solemos prestar tanta atención, otras brechas digitales que necesitan cura.
La primera que se nos vendrá a la mente dentro de nuestra propia sociedad es la que separa a las personas analfabetas digitales de las que han adoptado las Tecnologías de la Información. Mientras las telecomunicaciones han conseguido un impacto social impresionante, las Tecnologías de la Información están teniendo una penetración más lenta. Sólo el 35% de los españoles usan habitualmente Internet, mientras que en Holanda es el 74% de la población la que lo hace (datos de Eurostat de 2005).
Otra brecha clara la vemos en cuanto nos fijamos en la distancia que hay entre la tecnificación de nuestro tejido empresarial y el de otros países socios de la Unión Europea.
En 2004 ya llegamos al 86% de empresas de más de 10 empleados con acceso a Internet (97% en Finlandia, según Eurostat).
El problema es que sólo un 3% de las empresas españolas recibieron pedidos por Internet en 2005, frente al 32% de las empresas danesas.
Y es que no basta con tener contratado el acceso por banda ancha (el 74% de la pequeña empresa española lo tiene). Hay que dilucidar para qué lo vamos a usar y qué dimensión tecnológica va a tener nuestra compañía.
Esto afecta a empresas de todo tipo. También en grandes compañías hay una brecha digital entre lo que se podría hacer con una tecnología y lo que realmente se hace. En todos los sectores podemos encontrar empresas que han adquirido aplicaciones caras de implantar y de mantener, que son aprovechadas de forma limitada, y a veces muy escasa, para impulsar el negocio.
Aquí tropezamos de nuevo con el problema de la cultura e instrucción conseguida en el uso de la tecnología. Las empresas encuentran serias dificultades para llevar a buen término sus proyectos de implantación tecnológica de forma que aporten verdadero valor a su negocio. Esta tarea implica una preparación específica de muchas personas en tecnología y en la gestión de esos proyectos. Una formación que se tiene que adquirir sobre la marcha, durante la vida laboral. El problema es que el aprendizaje a lo largo de toda la vida se estima escaso en España.
El 12% de la población de 25-65 años accede a formación, según Eurostat; muy lejos del 35% de Suecia.
Precisamente de Suecia nos llega una posible “venda” para esta brecha. Se trata del uso de técnicas de simulación para aprender algo muy difícil de enseñar: Cómo llevar a buen término un proyecto de implantación tecnológica dentro del plazo y coste, y que consiga los objetivos marcados al comienzo.
Todos sabemos que nadie puede dar la receta mágica. Por eso en Cayenne™, una simulación creada por Celemi (www.celemi.com), varios equipos intentan llevar a su proyecto hacia el éxito, consiguiendo el máximo valor que pueda aportar al negocio. Viviendo apasionadamente este caso que tiene mucho de la vida real, cada participante aprende criterios de actuación para mantener en equilibrio todos los factores de éxito del proyecto. En la web española www.conversaction.com se explica el método pedagógico y la dinámica de estas sesiones.
Son precisamente la imaginación y la formación dos herramientas imprescindibles para construir los puentes de innovación que nos permitan superar muchas de las brechas que la tecnología nos ha ido mostrando, y las que nos habrá de mostrar, si seguimos perdiendo competitividad en nuestro propio entorno.