Tenemos ante nosotros todas posibilidades de un nuevo mundo, el virtual. ¿Por qué, entonces, replicamos fielmente la realidad que conocemos y las mismas actitudes?
Publicado en la revista Seniornet, num. 26 (2º trimestre 2007), p. 48.

En la reciente campaña electoral ha aparecido una novedad: la dimensión virtual. La prensa se ha hecho eco de mítines en Second Life (SL), manifestaciones en el mundo virtual, incluso la versión digital de la kale borroka . Y hasta nos hemos planteado un problema de orden público en el metaverso.

Pero el problema no es nuevo. Hace diez años, en el Feria de la edición multimedia, Milia, en el Palacio de Festivales de Cannes, los hermanos Le Diberder invitaron a la prensa a conocer un mundo virtual: el Segundo Mundo (Deuxième Monde), una recreación de París en 3D, donde convivían personalidades virtuales.

En la rueda de prensa los creadores del mundo virtual y los periodistas entablaron un animado debate sobre la dimensión social del mundo sintético. La organización colectiva, el respeto, la autoridad, la representatividad en un entorno fuera de los marcos legales habituales se trataron apasionadamente.

El proyecto fue cancelado en 2000, porque resultaba deficitario. Luego ha surgido Second Life, con masa crítica de residentes, un crecimiento espectacular y un modelo económico que le garantiza la continuidad de la que careció el proyecto francés. Sin embargo, SL parece haber creado un entorno social con cierta ingenuidad, sin haberse planteado la dimensión política y ética de las relaciones sociales.

El mundo virtual es un experimento que hubiera hecho las delicias de Platón. La construcción del mito de la caverna. Y en parte esa era la orientación del proyecto francés: una suerte de democracia utópica, a la que sus creadores “ilustrados” humanizaban con reflexiones sobre los mecanismos de relación social. Los habitantes de 2ème Monde (2M) elegían a sus representantes, estaban elaborando una constitución, y sus creadores casi pedían disculpas por la existencia de tiendas. Por el contrario, SL ha apostado por la parte económica con sus Linden dolars , frente a la político-social.

En 2M el avatar era vehículo de un patrimonio de identidad (apariencia física, hábitos, red de relaciones) que había que respetar y proteger. Pero eso implica una legislación. ¿Quién la va a establecer en SL? ¿Linden Labs o los residentes? Y volvemos al concepto de democracia.

Lo cierto es que SL nos ofrece la posibilidad de ser lo que no podemos ser en el mundo real. Podemos construir modelos nuevos, sin sentirnos atados a las limitaciones heredadas durante siglos. Y ¿qué es lo que hacemos? Reproducimos los patrones de Real Life . Tenemos la posibilidad de ampliar nuestra relación sin fronteras y lo primero que se nos ocurre es hacer la versión virtual de una delegación local de un partido político. Generamos una parcela restrictiva, que etiqueta, que excluye. Y, claro, llegan “los otros” y la queman.

Seguro que esto es lo normal, lo que no podemos evitar hacer: reproducir los modelos que conocemos. Pero no deja de ser triste que tengamos al alcance de la mano la posibilidad de imaginar un mundo nuevo y nuestro impulso inmediato sea remedar el viejo. Quizá nuestra cultura está llena de innovadores tecnológicos, pero carente de visionarios ideológicos, de filósofos de esa tercera dimensión. O quizá están a punto de surgir o de hacerse oír.