21 años de existencia y tanta historia acumulada. ¿Qué futuro le depara el género humano a esta herramienta tan joven?
Publicado en la Winred (7 de agosto de 2002)

Este verano el PC cumple veintiún años. ¡Sólo 21! Pero si ya no nos acordamos de cuando manejábamos ordenadores personales sin disco duro.
Cualquiera a su edad está inmerso en estudios universitarios y viviendo con pasión el resto del día. Al PC, en cambio, le han caído muchas responsabilidades desde temprana edad.

Aún era impúber y servía ya de excusa para cualquier incompetencia cometida en una ventanilla: “Es que no funciona el ordenador”. ¡Claro! Ese inmaduro, insensible a mis problemas y a los de esta pobre señorita que tiene que atender a una cola interminable de penitentes.
Ahora este recurso de escaqueo ya no se usa tanto, porque, conectado a la red, cualquier día el PC se autoinstala una actualización y deja en ridículo al listillo de la ventanilla.

En dos décadas ha colonizado el mundo, ha crecido hasta hacerse pequeño y en lugar de cansarse es cada vez más rápido. Hasta le han nacido hijos, esas agendas electrónicas que nunca se le irán de casa, porque querrán seguir unidas a él por el cordón umbilical que les lleva a sus circuitos nodriza.
Desde luego, él y su prole se han ganado un puesto en la historia de la centuria pasada.

Me he dado cuenta de que el tiempo no pasa en balde para el PC cuando en una tienducha del rastro madrileño, apoyado en el quicio de la puerta, he visto un teclado de ordenador.
Sin embargo, no fue su aspecto desvalido lo que me sorprendió, sino su compañía. A su lado no había una impresora matricial, sino un yugo para yunta de bueyes y, colgado un poco más arriba, un casco metálico que bien podría haber sido fabricado en la Alemania de los cuarenta.
No quise entrar en la tienda por no repasar más capítulos de la enciclopedia del siglo XX. Preferí quedarme con el resumen de la puerta, porque el PC no es objeto del ‘pasado’, sino del ‘futuro’.

Un futuro que está ligado al nuestro inevitablemente. En los años que vienen cada vez tendrá menos aspecto de herramienta, pero sólo conseguirá ser lo que hagamos de ella. Y no tendría por qué ser nada malo, a menos que alguien se ponga a usar ese teclado para escribir proclamas que le hagan ponerse el caso de guerra él y el yugo a otros, y luego ponerse a reeditar episodios de un siglo que ya quedó finiquitado.
Esperemos no cargar al PC con esas responsabilidades en sus próximos cumpleaños, aunque parece que siempre hay quien quiere aguar la fiesta.