- Buen día tengáis, señor caballero Netijote.
- ¿Lo tenéis vos igualmente bueno? Dígolo, señor maestro, porque se os veía un tanto contrito en los últimos tiempos.
- Voy mejorando, ¡gracias! Teníame triste y abatido el mundo de la enseñanza, mas agora parece que todo puede volver a su cauce.
- ¿Lo decís acaso por el largo y agitado debate que tiene al Reino alterado por sus instituciones lectivas?
- Pues sí. Años de yerros y zozobras acabarán agora, en cuanto se imponga mayor control sobre los mancebos y mozas que van para bachilleres.
- Y ¿no pensáis, señor maestro, que estos años hayan traído algún ejemplo o luz alguna al problema que teníais planteado?
- Si os referís a la internet, no veo que haya aportado nada. Si no fuere que andan todos perdiendo el tiempo con naderías o copiando sin escrúpulo iconos y frases para los trabajos que les encomiendo.
- Pues ya eso es algo. Si saben buscarlos y en ello se ejercitan, ya están formando una habilidad que les habrá de ser preciosa en el futuro: porque han de rastrear lo que buscan y luego aplicar criterio para elegir lo que les conviene. ¿Para qué querrían ellos saber repetir (como me han dicho que hacen ciertas aves que traen del Trópico) el largo elenco de los reyes godos, si saben buscarlo cuando lo precisan? Mejor sería que aprendieran qué fue y qué ha legado el reinado de aquella cultura a la nuestra.
- Y, ¿cómo sé yo que ellos saben lo necesario?
- Pero, ¿no os dais cuenta de que esa necesidad de valorar la tenéis más vos que vuestros estudiantes? Ellos quieren aprender y vos sólo os preocupáis de enseñar.
- No veo la diferencia...
- Pues, haberla, hayla...
- ... ni qué ha traído la internet a esto.
- ... mucho.
Acabado este quítote la palabra sin cuartel y calmados los ánimos, prosiguió Netijote:
- Ahora veréis, mi buen amigo, cómo la internet habría de haceros reflexionar sobre vuestro oficio de enseñante. La internet es ante todo comunidad y a ella ofrece útiles jamás soñados. Ítem más, el aprender es, precisamente, cosa social; algo que se hace en comunidad.
- Y nosotros, caballero Netijote, tenemos una comunidad educativa.
- ¡No queréis escuchar! Eso que vos llamáis comunidad es un instrumento de gobierno y yo os estoy hablando del propio acto de aprender. Una comunidad no es donde uno está representado por otro, sino allí donde uno participa activamente. Es un espacio para actores, no para espectadores. Aprender es participar en una experiencia que tiene como fin conseguir una habilidad, ya fuere ésta intelectual o manual. Vos, en cambio, os empecináis en considerarlo una tarea individual y, en ciertos momentos, quien busca la colaboración es considerado un tramposo.
- Y no lo habrá de ser, si con ardides se aprovecha del esfuerzo de otros.
- El problema es que se aprende en contexto y vos exigís demostración de lo memorizado en un combate singular del alumno contra una hidra y totalmente fuera de contexto. Casi se demuestra en vuestras pruebas más templanza y habilidad de titiritero que verdadero conocimiento de las cosas.
- Las tres cosas que necesitan hacer son aquestas: ¡Estudio, estudio, estudio!
- Vos consideráis el estudio como un retener postulados teóricos, cuando aprender es participar en el descubrimiento de lo que se desconoce. Si les decís una cosa, la olvidarán. Si se la enseñáis, como mucho la recordarán. Pero sólo la aprenderán, si habéis conseguido involucrarlos.
- Olvidáis que no tengo sólo un alumno por aula.
- Ya sé que tendréis más. La realidad, empero, es que aisláis al estudiante en aulas donde comparten poco más que espacio. Y, precisamente, ese descubrimiento de las cosas se hace mejor cuando se afronta entre varios. Así, aprenden juntos a resolver problemas cada vez más complejos.
- Y vos creéis que sería fácil manejar esos rebaños con ese planteamiento y en el corto tiempo del que dispongo.
- ¡Voto a bríos! Que no me habréis oído mentar la palabra 'sencillo'. Os diría en todo caso 'conveniente'. Pensad que aprender no se hace sólo en determinados momentos. No es algo que tiene principio y fin, sino un continuo que deberíais conseguir estimular. En fin, amigo maestro, que yo sólo os he sugerido que reflexionéis sobre si esa reválida y ese querer controlar, valorar y censurar, son las mejores urdimbres para el cesto del aprender lo que no se sabe y de conocer lo que se cree saber.