- Tiempo ha que no se le veía a vuestra merced por esta mi modesta ciberventa y casa vuestra, siempre que queráis que lo sea.
- Cierto es, mesonero, que mucho tiempo hace que no venía por estos pagos, mas el infortunio y las largas horas ante la ventana internética me postraron con severos dolores en lomo y pescuezo.
- Espero que os sintáis mejor de vuestra dolencias.
- De aquestas dolencias no acaba uno de mejorar, porque apenas se alivian los dolores reemprende uno las andanzas internéticas y vuelven aquellos a manifestarse. Con este anillo viciado de sucesos, cual rueda de la fortuna, me he habituado a vivir. Pero decidme vos, ¿cómo van vuestros negocios?
- Como todo lo que atañe al internético mundo, es cambiante la ventura de mi negocio. Además de venir a por cocido y migas, siguen acudiendo gentes de toda condición a pasearse por la internet, aunque es cierto que decrecen los parroquianos habituales y se acrecientan los foráneos que se acercan ocasionalmente. Será que muchos paisanos del lugar tienen ya en sus moradas los ingenios para navegar y no me necesitan. Respecto a otros mesoneros cibernéticos, unos abren y otros muchos cierran sus puertas. Ya sabéis cómo son estas cosas. Pero contadme vos, ¿cuáles son vuestros hallazgos en lo que a la navegación internética atañe?
- He venido apreciando, mi buen mesonero, que las prácticas de navegar de los cibernautas están cambiando en los últimos tiempos.
- ¡Cómo decís!
- Digo que en la infancia de la internet hubo una práctica exploradora que ya no existe. Veréis: cuando el conquistador llega a tierras incógnitas se lanza a la ventura en busca de sorpresas y descubrimientos. Explora caminos y hasta los abre a golpe de espada. Sin un rumbo fijo se deja llevar siguiendo despreocupadamente vínculos que pulsa a su capricho, teniendo a la curiosidad como única guía. En las Indias orientales llamáronle “surfing” porque asemeja al gusto por mantener el equilibrio cabalgando sobre una encrespada ola marina con la sola ayuda de una tabla. En parte guías tu camino, en parte la onda te lleva. A muchos visitantes de ciudades y estados les gusta perderse por villas y parajes para paladear la vida cotidiana que fluye por sus calles, plazas o aldeas. No teniendo una meta determinada se complace asaz en paseos sin rumbo fijo.
- ¿Y ya no lo hacen así?
- Nunca ha sido el único modo de andar los vastos campos internéticos. Incluso los que se han tenido por grandes exploradores de un nuevo mundo estaban muchas veces navegando en círculo, como quien se mete en un laberinto y, aunque todo le parece nuevo, está pasando siempre por los mismos sitios.
- Y ¿decís que tampoco es aqueste el modo de moverse ya por la internet?
- No son al menos los que predominan. Y la razón es que la curiosidad está siendo sustituida por el interés. Pensad en un viajero que se afincase en la inmensa villa de Madrid. Pronto conoce ya lo que le interesa y lo que no. Poco le importa no haber visto ciertos arrabales donde ni vive ni hay cosas que le atraigan y al punto identifica los lugares de su interés que al final son los que frecuenta. Pues bien, así es como muchos navegan ahora por la internet.
- Si no se explora, esto es malo para los que abren nuevos emplazamientos o disfrutan de escasos visitantes.
- Cuando menos les obliga a hacer esfuerzos para ofrecer cosas muy excelentes y fáciles de usar y así atraer a quienes se han acomodado ya a otros sitios, aunque no sean de tan alta calidad.
- ¿Digo bien, señor Netijote, si pienso que también estos emplazamientos que están en el recorrido habitual de muchos habrán de despabilar para no quedarse atrás?
- ¡Bien decís!, mesonero. La construcción internética es un camino de perfección creciente y no una estación de término. Lo que a mi entender queda claro es que hoy el internauta avanza por ese mar sabiendo lo que quiere.
- Si es como decís, ¿serán importantes las búsquedas acertadas para hallar lo que uno necesita y aún no tiene?
- ¡Cierto! Los buscadores internéticos han desempeñado un papel muy principal en estos cambios y aún se acrecentará su importancia en el devenir del tiempo. Mas, si de buscar se trata, ya conversaremos mañana del argumento; pues lo que busco ahora es retirarme, estirar la raspa y cerrar los ojos en un reparador descanso.
- ¡Merecido lo tenéis!, señor Netijote, ¡Buenas noches!